jueves, 22 de octubre de 2009

20 de octubre: construir la nación


En taxi, haciendo viajes de un lugar para otro de esta bendita "siuda", entre esos tantos "ires y venires", hice la carrera para dos jóvenes que me esperaban en su casa de la zona 18. Comentaban en el taxi:

- Hace 65 años fue el comienzo de algo que en la cabeza de distintos líderes se fue forjando como el deseo de “construir” una nación con equidad e igualdad en la ciudadanía.

- A ver cuánta gente va a participar en esta marcha de hoy…

La ciudad amaneció con un clima agradable, el calor se iba levantando poco a poco de su sueño… se sacudía en medio de los carros, motos, camiones y gente que iba corriendo para algún lado, o para el mercado. No hay duda, la ciudad estaba en movimiento.

-¿cuántos paisanos tendrán conciencia de lo que significó este día? –seguían comentando-

- De repente miles vos, solo que con su trabajo de cada día, pues no podrán estar en la marcha.

- Ya vas, pero si hoy es feriado, y no estaría mal que se sumen a esta caminata…aunque hay algunos que aprovecharon estos días para salir de vacaciones a la playa…

La gente se reunía, yo no pude ir, porque estaba trabajando, pero me atreví a comentarles a los dos patojos:

- Creo que aquel sueño, o futuro significó un gran paso para este país. Quizá el único en su momento histórico, en el que se dejó fuera lo de las izquierdas y derechas para caminar juntos. Eso es algo que no debe olvidarse…

- Pues sí, nosotros por lo menos hemos ido leyendo poco a poco la historia y esto fue un gran avance…

-Bueno –dijo el otro muchacho- una cosa es el sueño y otra en la planificación de cambios sociales, sino miren como estamos a nivel de educación.

Me preguntaba yo cuáles serían las prioridades para hoy. Hay necesidad de infraestructura en todos los ámbitos: la escuela, la salud, la comunicación vial, etc, etc.

Hay más desigualdad, pobreza y hambre en este país. La apuesta por superar el analfabetismo era ya un buen comienzo; romper con las dictaduras era otra lección; mejor atención a los trabajadores un avance, ya que se quitaba el trabajo obligatorio y, el tema más duro de roer: la reforma agraria…

Los pasos de un 20 de octubre, son como mirarse en el espejo, descubrir que te estás haciendo viejo, pero que con experiencia y, es el momento de dejarle el paso a los más jóvenes para que empiecen a aportar, eso creo yo es el desafío más grande en una sociedad de múltiples expresiones y experiencias.

A releer la historia patojos… de repente contagian a otros más chavos, necesitamos reconstruir este país…
ese día me fue bien en mi taxi, le entregué bonito billete al jefe. lo triste fue ver en la televisión, en el noticiero de la noche, una pregunta que lanzaban así como "con dedicatoria" decimos aquí: "está usted de acuerdo con las manifestaciones en la ciudad... si o no" por supuesto que nos da lectura para mucho; algunos votaron por el no y otros por el sí. ese es un ejemplo de cómo se criminalizan las manifestaciones decían algunos grupos días después...
de repente me dije... de repente seguiremos caminando con el pueblo.

domingo, 4 de octubre de 2009

viaje hacia el occidente

Mientras iba manejando mi taxi (mi, es un decir, porque el carro está a nombre de la empresa, del señor aquel…) iba recreando el paisaje de aquellos años atrás, los de mi niñez y juventud…

La belleza que ha tenido la naturaleza, el ser humano la ha modificado mucho, la ha ido desapareciendo poco a poco en nombre del progreso y desarrollo.

Recuerdo cuando se estaban arreglando esta carretera, las grandes colas que se hacían; y como siempre, las camionetas se te metían con toda impunidad… “reflejo de la anarquía” que caracteriza a algunos. Humazón y contaminación de todos lados…

Pasábamos por estas montañas en aquellos años y mirábamos los pinos, los cipreses, la neblina espesa, las ovejas pastando por los campos, los niños y niñas bien chapuditos de los cachetes –puras manzanas rojas- , el tremendo frío que caracteriza al occidente. Los señores caminando con su carga de leña… aves volando de un lado para otro.

Ah!, años aquellos. Sentir el frío que te cala en los huesos, la tembladera que da en el cuerpo, obligado a parar por “los encuentros” para tomar un chocolate caliente y comer una shequita.

El ayer y el hoy se me cruzan por la memoria, lo siento en el cuerpo y lo vivo en el recuerdo… me da nostalgia.

Mientras tanto, caos de carros en este cruce. Busco algo de música en la radio y nada… está lleno el dial de puras radios evangélicas, mensajes de conversión, de pecado, de culpa, de… lo que me faltaba, no sólo me siento culpable de no sé qué y esto... Miré algo de mi música trova:

Un homenaje a la que me hizo “volver a los 17”, la voz hermosa de la negra, la inmortal… en paz descanse. Ella seguirá viva por su canto, su voz… su compromiso con el pueblo…y todos los que hemos cantado sus canciones, porque yo, aunque no me creas, en mi taxi canto todas sus canciones...

Los vehìculos quedaban chiquitos ante este inmenso paisaje… viajar a la capital era un lujo. La primera vez que viajé tenía 10 años. Esa vez estrené camisa amarilla floreada y un pantalón campana, estaban de moda en aquellos años. El pantalón era celeste y tenía una cuchilla en el ruedo de color mostaza. ¿Te reís de mi verdad? Era distinguido en esos años (color "chinga la vista", dicen los cuates), pero por el color que llevaba…viajaba sentado en las piernas de mamá, porque sino me tocaba pagar. Bueno, pagaba ella.

Este viaje de la capital para el occidente es como un retroceso… regresar a lo que fui, o mejor dicho, de donde salí y soy ahora; después de la voz de la negra, me recordé de esa canción de … “cuánto perdí…cuánto logré… que cosas me han de doler…”

-no se preocupen señores, esta carretera es segura, les decía
-nos dijeron que en estos lugares hay mucho peligro, decía el turis este…
-pues debe ser, corremos peligro cuando vemos que las quichelenses se le avientan a uno…
-¿quién es ese grupo? Preguntó desconcertado el turista.
-son las camionetas que vienen del departamento de el Quiché. Se le dejan venir a uno, o en su caso como la que nos pasó pegadito en la subida… como que ha recibir herencia va…
- tremendo, tremendo… es imprudencia. En mi país ya le hubieran quitado puntos, remató.
- malaya, le contesté, aquí les dan puntos… porque ni la poli hace nada, ni la gente les dice nada… todos llevan prisa y no les importa atropellar al otro, al que se atraviese, pero cuando a uno le toca… ummm..., ((hay imprudencias de la gente también) somos capaces de lo impensable para el otro. Me recordé lo vivido en un 10 de octubre, hace pocos años: le debo la vida.

en fin, nos fuimos hablando de la comida, de los trajes, del idioma, de la historia de cada pueblo, de lo que fue ayer y como está ahora… de repente te lo cuento…

De repente vas a conocer la historia de estos pueblos…mientras, te dejo con este homenaje...

miércoles, 22 de julio de 2009

el viaje

Hoy me dijeron que se hacía un pequeño cambio en la ruta del cada día. Te vas de viaje para el occidente, me dijeron.

- ¿te podés ir al interior? Me preguntó el jefe.
- Pues yo digo que sí, le contesté. Al fin y al cabo que él sabe que soy del occidente.
- Te vas mañana temprano, llevas a unos turistas con vos; allí en la bolsa hay unos mapas, y te podés fijar en uno que otro lugar para enseñarles… entre todos los trabajadores (remató) te mando a vos, porque por lo que he oído sabés un poquito más de tu país, de tu gente, y no que los otros…(sonó a burla lo que dijo de mis paisanos)
- Ah, pero si me da chance, también les puedo enseñar a ellos que conozcan y amen su país, le contesté con un poco de picardía.
- No te pasés de listo pues, por ahora a seguir trabajando en la ciudad…por cierto, ¿dónde estás ahora?
- Por el porvenir de los obreros, le contesté
- “Ah va, atento a las llamadas pues”… otras veces me dice: “vale, vale”

Seguí avanzando lentamente, como esperando que algún conocido me hiciera el alto y así poder llevarlo. Me dieron ganas de llevarme a aquel anciano que vi caminando lentamente, pero no podía porque si me cachan, pues me lo cobran, o me despiden…

- al diablo, dije. Si me lo cobran, que me lo cobren.

Pero luego pensé

- y que tal si este anciano me dice, déjeme que voy a mi bola… ¿o si le inspiro miedo y desconfianza? ¿Y en eso grita y llama a la policía?!!

Mejor seguí avanzando por la segunda avenida de la zona 1. Atento al radio del taxi. Qué chilero se siente mirar a la gente de la ciudad: Caras alegres, otras caras preocupadas, otros con desconfianza… yo por si acaso, miro a las mujeres. Malaya, qué bonitas son, pero más malaya, ni tiempo tengo para ellas… mejor sólo las miro.

¿No te has fijado que en Guatemala hay mucha juventud? La mayoría de gente que miro caminar, correr, son jóvenes…

De repente me sentí joven… y también caminé un rato con ellos… no me sentí solo este día.

las vueltas en la ciudad


Uno se mueve de un lugar a otro, y siempre nos ubican para recoger al cliente en determinado lugar. Nuestros taxis siempre están a la orden del cliente y de la llamada, por supuesto.

Estaba cerca del aeropuerto y sólo pude ver aquella familia que subió feliz al carro. Yo me perdí ese viaje y me quedé esperando haber si me llamaban para el siguiente. Y nada.

La competencia que hay en el trabajo es enorme, imaginate que el otro día leía que ya hay servicio de taxi sólo para las mujeres; los taxis son conducidos por mujeres. Yo todavía no las he visto circular por las calles, pero sólo con eso, pues ya tenemos competencia, incluso un mensaje indirecto que nos dejan: es más seguro que viaje en un taxi para mujeres.

Dadas las circunstancias en este bendito país, pues me imagino que muchas mujeres optarán por este servicio.

Mi chance es ir y venir de un lugar a otro por esta bendita ciudad, me he fijado que la mayoría de carros, haber, mejor lo pinto así: de 10 carros (cualquier estilo, modelo), 9 llevan sus vidrios polarizados y solamente 1 va “destapado”, como el mío…

Te das cuenta de ese otro mensaje: nos estamos encerrando hasta en nuestro propio carro; ya no basta encerrarnos con la seguridad en la cuadra de la colonia, o a la entrada de la colonia, las cámaras que están por ahí, las alarmas, los pitos (gorgoritos)… y todo el tanate que estamos invirtiendo en “la seguridad”. Pues no hay duda, la seguridad es un negocio, y redondo… ¿quiénes serán los dueños de estas empresas?

Esos carros se imponen (sobre todo si son pick-ups), malaya si les reclamás algo; los taxistas llevamos la peor parte… con esto no te quiero decir que somos los mejores, algunos de nuestro gremio son imprudentes también… sino mirá mi “unidad de taxi”, ya tiene una caricia en el lado derecho, me lo hizo un taxista de la otra empresa. Por supuesto que el jefe me lo cobró… todo el tiempo te están regañando, para ellos (en este caso para el gordo y bigotudo ese que te dije) uno nunca hace nada bien, pero eso es otra historia.

Yo digo que deberían de prohibir esto de los vidrios polarizados. ¿Alguien sabe si hay propuesta de ley en esto? Un día de esos, me dijo una seño: “es que si la ven que va una sola es peligroso uste’…” qué lástima que esto sea así, de verdad…

¿No será mejor trabajar porque todos vivamos en una sana convivencia, armonía, paz? ¿Cuándo tuvimos eso –si es que lo disfrutaron nuestros abuelos, o nuestros antepasados años atrás- y lo perdimos? ¿Cómo vamos a recuperar esos lindos tiempos de tolerancia, respeto a la diferencia?

Mientras iba manejando y pensando en eso, me llamaron para ir a traer a un cliente en una colonia cercana. “estoy cerca” dije, y ruummmm me fui pa’ya’

- a sus órdenes, aquí estoy, ¿pa’ dónde van? Pregunté. Eran dos hermosas princesas.
- ¡¡¡Con nuestro papá, pero apúrele, porque hoy hacemos fiesta!!!

De repente pierdo y de repente gano, así es este trabajo…

miércoles, 8 de julio de 2009

la carrera



-En la vida se pueden sustituir las cosas, los trabajos, pero sustituir a las personas, el cariño de un papá… no sé, contesto él.

Iban en el taxi, les oía contando soledades, madurez o inmadurez –si se puede llamar así- a lo vivido, lo que les espera en los próximos meses de compartir, de trabajar, de entregarse a los demás. .. y se quedaron callados.

“Salga por la san Juan, porfa” me dijo “y se mete por la ciudad de plata, ahí vivo”…
“a sus órdenes” contesté.

Interrumpió el silencio y dijo:
-¿por qué sentís celos?
-no sé, contestó. Creo que es sólo la impotencia de no poder disfrutar con tus hijos como quisieras, sólo los ves por ratitos y de ahí nada más… de repente es mejor dar calidad de tiempo, se contestó con un nudo en la garganta.

Yo te lo digo, porque al cruzar la esquina, cabal la luz de la calle, le dio en el pescuezo, y con el espejo de dentro, le vi la manzana de adán… se puso grueso y lentamente bajó el trago amargo de la soledad…

-¿Pero no te parece que si tus hijos quieren y se sienten queridos por él, por qué ibas a causarles daño?

-Pues si es así, me parece que ya me ganaron hasta en eso…para nada pretendo causarles daño, contestó. Sólo voy a ser responsable en la parte económica, y a gastarme en el trabajo por eso, porque para lo demás… ya perdí.

Me dio pena oír eso, pero por mi mente vinieron todas las historias de papás que conozco. Hay algunos que les vale estar atentos por sus hijos, los que van dejando hijos por ahí; los que golpean a sus hijos, o los maltratan, abusan, pegan…
Este trabajo de taxista que tengo es super grueso, me entero de cosas alegres, tranzas de la gente (de cualquier tipo) o de cosas tristes y dolorosas a veces, como el de ahora…a veces me da miedo.


-No sólo no tengo ya familia, estoy casi a punto de perder el trabajo, y es más me han cambiado definitivamente, porque el nuevo estadio de trabajo no me permitirá compartir mucho con mis hijos… así que volví a perder. Cuando consulté si era conveniente hacer el cambio, me dijeron que lo más importante es el trabajo… “vete” (se oyó desde dentro).

-¿y qué hiciste?
-Encogí mi cola y salí triste.
¿Has visto alguna vez a un chucho de la calle?
Pues sí, así me sentí ese día. Si iba caminando por la acera, me pateaban y echaban.. “quítate, shuco” y me miraban con odio; si iba en medio de la calle, los carros me pitaban o pasaban empujándome… “¡perro de mierda, salíte del camino!” me pasaban gritando. Los niños que estaban en los comedores de la esquina se reían de mí, comían y comían, haciéndome caras, pero nadie me dio un pedacito… menos mal no tenía hambre. Ese día sólo quería buscar un monte, subirme, con fuerza y desde dentro aullar… ¿te imaginás ese cerro, desde donde podés ver la ciudad? Conozco un lugar así, remató con suavidad…

Tuve que interrumpir la tremenda anécdota del señor, y les dije: “llegamos señores…”

-gracias, aquí me quedo yo, el señor sigue… me llamás cuando llegués…
-no te preocupés, yo pago…

-Siga por favor, me dijo
-¿A qué dirección señor? Le pregunté
-¿Puede llevarme a un cerro que conozco? Me dijo… de repente le guste oír a un perro que aúlla por esos lares, y póngame algo de música, de cualquier radio…

Sí señor, contesté, de repente me guste oír a ese perro.

Pisé el acelerador y salí de la ciudad de plata… rumbo al cerro…